martes, 28 de enero de 2014

Aprender.

Hay días en los que simplemente existes para aprender.

Aprender que no hay mejor consuelo que las risas.
Que es mejor unos ojos sinceros a mil besos falsos.
Que no importa el color.
Que puedes hacer tu propia "Noche Triste" con un sabor de boca a gomitas, refresco y corazones rotos.
Aprender que las mejores personas que puedas conocer, quizá nunca las verás en persona.

Aprender qué es el amor, que son más que palabras bonitas.
Que el silencio más quebrantador es el del bus, cuando quieres llorar.
Que las noches más melancólicas son las que no imaginaste.
Que un mensaje te cambia la noche.

Aprender que tu mejor amigo es el que te hace reír, o te deja llorar.
Que el chico perfecto quizá no es el indicado.
Que cinco palabras rompen corazones.
Que no es sano abrir las heridas, quitarse las costras para dejar la piel lisa. Que con el tiempo, se deja una marca más grande.

Aprender que aunque tú no hayas escrito la canción, puedes regalarla.
Que los chicos duelen.
Que los chicos aman.
Que los chicos valen.

Aprender que de vez en cuando llorar no hace daño.
Que la vida está vacía sin auriculares.
Que una mirada fuerte y labial son mejores armas que los puños.

Aprender que hay tipos de animales que son mejor no domesticar.
Aprender que el mejor amor, es digital.

Aprender a hacer el amor con la mente.

Aprender a amar la vida a cada segundo, a odiarla, a llorarla. Aprender a hacer de cada frase el mejor consuelo o la flecha que te mata.
Que tu peor enemiga también puede tener una mala noche.
Que ella también siente.
Que ella también tiene corazón.

Aprender a aprender.
Que puedes soñar, que puedes llorar, que puedes cantar.
Que puedes pensar, elegir, lastimar.
Que tú decides, y nada más.
Que es tu cuerpo.
Que es tu mente.

Aprender a reconocer.
A reconocer los errores.
Los fracasos.
Las victorias.
Las derrotas.
Reconocer los buenos chistes.
Reconocer la vida
Reconocer.
Reconocerte a ti.

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