Y sigo, aguantando las ganas de oler tus pasos,
de comerme tus oídos.
Aguantando las ganas de mimar tus brazos,
perderme en la anchura de tu pecho.
Solver mis sueños en ello.
Mirarte sin prejuicios, todo el día,
llenar tu rostro de canciones.
Oír cómo suspiras.
Cómo respiras.
Disolver todas tus dudas sin palabras,
adjuntar las palabras del mundo
y extinguirlas entre besos.
Dibujarte en contexto.
Escribir mil historias de nosotros, de ti,
narrarte el futuro, contarte el pasado.
Mirar a la luna, dormir en tus ojos.
Beberme de ti lo que nunca soñé.
Que perdamos el tiempo
y coloremos las calles de un hermoso color.
Aspirar a ser como tú, que seas como yo.
Te deseo.
Solo tenerme contigo, en una perfección ilícita,
la perfección que lleva tus manos,
la silueta de tu cara y la cuenca de tus ojos.
Desprendes la tranquilidad por la piel.
La perfección es: la temperatura de tus labios.
lunes, 15 de septiembre de 2014
La que se quedó sola.
He estado pensando mucho últimamente, he pensando en nosotros
En lo que somos. En lo que éramos.
He pensado en las mañanas iluminadas que me diste, y en las noches de pesadillas,
noches que me cubrías con murmullos de cariño, susurrando a mi oído que todo iba a estar bien; sabias que eso no era verdad.
Éramos luz. Éramos amor.
Pasado.
Porque ya no estás aquí, te has ido, te has llevado las mariposas y los cánticos mañaneros, pajaritos de amor. Me dejaste quemándome, en silencio.
Lo éramos todo hasta que te arrebataron de mí.
He pensado mucho últimamente, en lo que hacemos.
En lo que nosotros hacemos, o hacíamos.
Pienso en las risas entre arrumacos, pienso y recuerdo cómo era sentirte abrazado a mí.
Entonces lloro, porque no hay nada que pueda salvarme de la soledad en la que me has dejado.
Estoy perdida, y la única manera en la que puedo revivirte es contando al mundo,
recordandole que alguna vez existió alguien tan perfecto, que hacía vibrar la tierra.
Exististe tú, y la vida te dejó ir.
En lo que somos. En lo que éramos.
He pensado en las mañanas iluminadas que me diste, y en las noches de pesadillas,
noches que me cubrías con murmullos de cariño, susurrando a mi oído que todo iba a estar bien; sabias que eso no era verdad.
Éramos luz. Éramos amor.
Pasado.
Porque ya no estás aquí, te has ido, te has llevado las mariposas y los cánticos mañaneros, pajaritos de amor. Me dejaste quemándome, en silencio.
Lo éramos todo hasta que te arrebataron de mí.
He pensado mucho últimamente, en lo que hacemos.
En lo que nosotros hacemos, o hacíamos.
Pienso en las risas entre arrumacos, pienso y recuerdo cómo era sentirte abrazado a mí.
Entonces lloro, porque no hay nada que pueda salvarme de la soledad en la que me has dejado.
Estoy perdida, y la única manera en la que puedo revivirte es contando al mundo,
recordandole que alguna vez existió alguien tan perfecto, que hacía vibrar la tierra.
Exististe tú, y la vida te dejó ir.
viernes, 12 de septiembre de 2014
Hombres.
Hombre,
señor, amo y embustero traidor,
que se burla y se balancea entre mis pupilas,
sonriéndome, mirándome.
He sentido. Te vi, te oí, te sentí.
Plasmé en ti una mínima esencia de mí.
Y es que... Amo la manera en la que ésto me hace sentir.
Hombre,
tan varonil, tan propio.
Calando tu voz por mis venas,
como una canción de amor,
como una melodía irremediable.
En cualquier momento, en cuánto te miro
decaigo en el vacío infinito de tus labios.
Y mi estómago me odia por tu culpa.
La necesidad de vómito que los nervios me provocan
no es más que el resultado de tus pequeñas letras,
tus pequeñas palabras.
Palabras simples que dibujan mis días.
Hombre,
descuidado, despistado.
En las nubes; en pensamientos ajenos...
En los míos.
Con tus complejas frases descifras cada minuto de mi vida.
Mi corazón palpita tan fuerte al sentirte;
al respirarte.
Haces que todo alrededor desaparezca,
matas la incertidumbre.
Hombre,
Imperfecto,
como todos, como ninguno.
Amante fugaz,
bestia terrorífica, secreta.
Sumergida en pasiones escondidas.
En las mías.
Alumbras la habitación y ni siquiera lo sabes,
le das un hermoso toque a mis momentos.
Aquella vivacidad nocturna que tanto añoraba.
Me tienes. Es todo.
Soy tuya, sin más sentimientos que éstos.
Simplemente me tienes.
Eres dueño de mis palabras, me haces sentir tan en el paraíso
que comienzo a sentirme mal.
Desearía que sintieras ese maravilloso cosquilleo al verme,
aquel que es como cuando yo te veo a ti.
Hombre, tan simple, tan normal.
Tan común, tan cliché. Tan imperfecto.
Tan bello.
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